donde no todo lo que reluce es oro
Desde 1982, su economía se ha desarrollado a un ritmo frenético.
Sin embargo, sus costumbres son ancestrales.
Una mezcla entre oriente y occidente; un antiguo desierto sobre el que ha estallado la burbuja inmobiliaria; un lugar donde se entrelazan costumbres y culturas. Se trata de Dubai, uno de los siete Emiratos Árabes Unidos, que desde su independencia en 1982, ha crecido económicamente entre un 6 y un 11 por ciento anual . Un hotel exclusivo de siete estrellas- Burj Al-Arab-, la primera estación artificial de esquí de Oriente Medio y próximamente el primer hotel acuático del mundo son algunas de las atracciones.Las inversiones en infraestructura parecen demasiado ambiciosas para un estado de solo un millón y medio de habitantes, de los que un 80 por ciento son extranjeros. Los logros económicos del emirato comenzaron con la llegada al poder del jeque Al Maktoum en 1995, que buscó utilizar las ganancias producidas por el petróleo en inversiones de capital duradero¬ - inmobiliarias en Londres y Nueva York por ejemplo- que permitan sostener el estilo de vida de todos sus habitantes cuando la fuente de energía se acabe.
No obstante, el empresario y analista político internacional Omar Adra asegura que “Dubai en diez años se hundirá ya que con esta crisis financiera, su economía caerá porque construyeron casi a crédito, deben el 107 por ciento de su producto interno bruto y el turismo disminuirá”.
Sin embargo, no todo lo que reluce es oro. Según Adra, existen costumbres antiguas que siguen manteniéndose en el mundo moderno. “Se estima que no tiene instituciones elegidas democráticamente ni partidos políticos ya que los ciudadanos no tienen derecho a cambiar su gobierno. La libre asociación es restringida y los derechos de los trabajadores son bastante limitados”.
En tanto, la trata de blancas y el uso de niños extranjeros como jinetes de camellos continúan a pesar de las promesas de los gobernantes de terminar con esas prácticas. Además, las condiciones infrahumanas de los trabajadores repercute, en una alta tasa de suicidios que, según la organización no gubernamental Human Rights Watch, el gobierno oculta.

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